Presentado
Por:
Ada Sofía Nuila Hernández
Bibliotecóloga.
Visita: http://asnuila.blogspot.com/
https://sites.google.com/site/adasofianuila
Sumario:
Introducción.
I. Marco conceptual general. II. Situación de violencia y criminalidad en El
Salvador. III. Situación
de los jóvenes en El Salvador. IV. Los jóvenes como víctimas de
violencia. IV. Sistema de funcionamiento de las pandillas en El Salvador. VI. La Violencia y los derechos humanos. Conclusiones. Recomendaciones. Referencia
Bibliográfica.
Resumen:
Se plantea un panorama sencillo y
breve sobre la situación de violencia y criminalidad
existente, en El Salvador basado en investigaciones realizadas sobre el
fenómeno de violencia en el país, el cual respetando el respectivo derecho de
autor, se han citado las fuentes de las ideas o párrafos extraídos. Pero que, en
los últimos años, así como el papel de los jóvenes en general y las pandillas
en particular, juegan en este escenario, ya sea en su rol de víctimas, como de autores
de delitos, en la actual situación del país en donde se encuentran relacionados
las violaciones a derechos humanos, en un contexto, donde las actuales
violaciones, están vinculadas con la violencia y la criminalidad que vive día a
día la juventud salvadoreña.
Introducción:
Respecto a los hechos violentos que a
diario enlutan a las familias salvadoreñas, lo más condenable de estas muestras
de violencia es que no afectan solamente a las personas mayores, sino también a
nuestros jóvenes que poco a poco van perdiendo oportunidades para desarrollarse
en la vida, pese a las nuevas leyes que han entrado en vigencia que son para
que se abran espacios a estos; pero debido que nuestra juventud se van
involucrando de manera acrecentada en las estadísticas de muertes violentas, a
la alza de crímenes ocurridos; es que,
el eje central son la violencia y los crímenes, como detonantes para la
violación de los derechos humanos como el derecho a la vida, a la integridad
personal, a los derechos económicos y patrimoniales, etc. Por lo tanto, el
desarrollo del presente ensayo muestra a una sociedad salvadoreña,
caracterizada por la desigualdad económica y la exclusión social, que ha
permitido que exista una cultura de intolerancia, ocasionando violencia en
todos los ámbitos, tanto individual como colectiva, de manera incontrolada que
actúa al margen de la ley, que ha permitido serios conflictos en el Estado de
Derecho y en el actuar social, debido a que existe un descontrol de las
instituciones que se encargan de la administración de justicia, en donde los
delitos de homicidios, feminicidios, extorciones y violencia sexual tienen un
alza, que como consecuencia han propiciado la vulneración de derechos humanos
en la investigación del delito y al aplicar la justicia.
I.
Marco conceptual general.
Por violencia generalmente se entiende como el uso
excesivo de la fuerza contra una o varias personas, animales o cosas. Pero en la aplicación de la realidad, este
concepto se torna un mero limitante porque se debe reconocer que en su
aplicación es más amplio, debido a que la agresión sería un tipo especial de
violencia; en el que va expresa o tácitamente la intención del actor de causar
daño al otro (Martín-Baró, 1998). De esta manera de
distinguir lo que es violencia, puede incorporarse dentro del concepto de
violencia aquellos actos o situaciones que con otros normalmente quedan fuera o
desligados, esto si la violencia se minimiza a una simple agresión.
De tal forma que la violencia actual que viven los
jóvenes en el país no es una simple agresión, si no que en verdad son
situaciones de violentas que atentan y violentan derechos humanos
fundamentales, en donde quienes detentan el poder sobre otros.[1] Para efectos de comprensión y metodología,
retomamos el siguiente concepto de violencia: “el uso de la fuerza en una relación desigual y al servicio del poder
para obligar a una persona a vivir o experimentar una situación que no
consentiría libremente y amenaza, arriesga o destruye su integridad física,
emocional o social. (Innocenti, Quinteros, Umaña,
& Artiga)[2] porque a un grupo focal especifico, para el caso,
son los jóvenes inmersos en la violencia y la criminalidad de las pandillas o
maras, quienes junto con las instituciones del Estado salvadoreño se encuentran
violentando Derechos humanos en la sociedad salvadoreña en general y estudiado
por diversos estudios realizados en el país (Smutt y Miranda, 1998; Cruz y
Portillo, 1998; Santacruz y Concha,
2001; Aguilar, 2007; IUDOP, 2010), han dado cuenta de las constantes transformaciones que estas
agrupaciones han tenido a lo largo del tiempo, sin que se hayan adoptado
políticas integrales y comprehensivas para su contención (Aguilar,
2010)[3].
La
violencia no es instintiva, sino que se adquiere, se aprende socialmente, se
reproduce e incluso se legitima de distintas maneras en el proceso de
socialización. La guerra es una de las formas más destructivas de la violencia y
las sociedades tienen instituido el ejercicio legítimo de la violencia mediante
sus aparatos militares y policiales. La violencia es la forma más primitiva,
inferior y menos versátil del poder y puede ser utilizada para dañar personas,
destruir el patrimonio o hacer colapsar sociedades (Larios, [2010])[4]. No
obstante, es importante entender que la violencia puede adquirir modalidades
distintas dependiendo del lugar donde se genera.
El
concepto de violencia urbana, generada por la dinámica de las ciudades, sirve
para caracterizar precisamente las acciones violentas que surgen en el seno de
las urbes, inducidas por la alta concentración de población, el hacinamiento,
los excesos del transporte particular, las formas exacerbadas de recreación
estimuladas por el consumo (juegos de azar, consumo de alcohol y otras drogas),
los eventos masivos de alto contenido emocional para los colectivos (deportivos
o artísticos), la proliferación de armas
y otros artefactos bélicos, las manifestaciones políticas o de reivindicación
social y, principalmente, el accionar de individuos y grupos dedicados expresamente
al delito o al crimen (Larios, [2010])[5].
En todo
caso, se trata de una forma de ejercicio de poder, ya sea individual o
colectivo, que supone la ejecución de un daño, al mismo tiempo que la asunción de
un riesgo.[6] La
mezcla de la edad juvenil y la acción delictiva es altamente explosiva, por el
hecho de combinar la violencia potencial con el natural riesgo de la edad. A un
joven, que por inclinación natural le gusta correr riesgos, la conducta de
rebeldía ante las normas, le pue- de llevar, equivocadamente, a una vida delictiva
y violenta, no sólo porque experimente emociones de insatisfacción con el
sistema social, sino también porque encuentre en el riesgo la forma de superar
sus frustraciones e incluso de resolver el problema de sobrevivir diariamente.
En este
sentido, el uso de la violencia, como instrumento, como arma, para canalizar
sus frustraciones y como método para obtener beneficios, es altamente estimulante,
práctico y adictivo. Así se construyen personalidades violentas desde niño o
adolescente, en condiciones lógicamente adversas, carentes de oportunidades
sanas o en rechazo al sistema social, como las que se observan en grandes ciudades
que, con su rápido crecimiento, excluyen y vulneran los derechos de grupos
significativos de población, instituyendo la marginalidad y las prácticas
violentas en los barrios y las comunidades urbano-marginales[7].
I.
Situación
de violencia y criminalidad en El Salvador.
La actual situación de violencia, es decir, el nuevo contexto en el que
se desarrolla este nuevo fenómeno de inestabilidad social, tiene otras
características, aunque por supuesto tiene similitudes, como la pérdida de
vidas humanas. Pero la gran diferencia, es que esta vez no está siendo atacado
el gran capital, ni el aparato estatal. Esta vez, son atacados los pequeños y
medianos empresarios, también la clase media, y por supuesto, los mismos
pobres. Por la situación imperante son cerrados pequeños negocios pero se
expanden los grandes centros comerciales. Ante
esta situación se encuentra la opinión de la
secretaria de Inclusión Social, Vanda Pignato, quien opina que la
situación actual del país como “un momento de violencia social muy grave”, o
como la presidenta de la Sala de lo Penal de la Corte Suprema de Justicia
(CSJ), Doriz Luz Rivas, quien opina que calificarlo de tal manera supondría
resignarse a la normalización de la violencia.[1]
La
violencia es una de las tres fuentes básicas del poder, junto a la riqueza y al
conocimiento, mecanismo social, que emplean hoy en día para intimidar, doblegar
y causar malestar a gran escala social. Utilizada hoy en día tanto por : pandilleros, políticos, profesionales, no
profesionales, hombres, mujeres, niños, jóvenes, adultos mayores, etc. en todo
ámbito, pues la violencia desencadenada en la sociedad salvadoreña no solo es a
nivel de la criminalidad, si no que ha trascendido a nivel personal e
individual, haciendo crítica la situación debido a que Violencia genera más
violencia por la falta de tolerancia, respeto al derecho ajeno, incurriendo en
este punto en que el colectivo en general de la sociedad salvadoreña,
violentamos derechos humanos día con día.
Es esencial entender la problemática de la
violencia en nuestra juventud tratando de conocer a las pandillas salvadoreñas
desde su realidad material, como un cuerpo social formado por personas jóvenes
en su gran mayoría, entre los 16 y los 30 años, del sexo masculino,
desertores del sistema escolar, provenientes de hogares disfuncionales, de actitud
agresiva y dispuestos a correr cualquier riesgo, incluso a entregar su
seguridad y su vida[2].
Un cuerpo social con estas características es potencialmente peligroso, como
advirtieron Smutt y Miranda hace una década (Smutt & Miranda, 1998)[3]
Ciertamente, desde hace varios años el Estado
salvadoreño ha perdido el monopolio del control territorial, pues en muchos
lugares del país, los habitantes se encuentran a merced del gobierno, pandillas
y redes criminales que imponen sus propias leyes. Muchos de estos actores
ilegales han ido ganando terreno a lo largo del tiempo, hasta llegar a tener
capacidad para generar inestabilidad en el país. En el caso de las pandillas
salvadoreñas, éstas han estado presentes desde los ochenta (Martín Baró,1986,
en Santacruz y Concha, 2001)[4], sin que hayan existido
esfuerzos serios y sostenibles de atención integral al fenómeno del Estado
Salvadoreño.
En los últimos años, El Salvador ha experimentado
un sostenido auge de la violencia criminal que lo ha posicionado como uno de
los países más violentos del hemisferio. Según un Informe de la OMS, El
Salvador se ubica a la cabeza de 83 países a nivel mundial, con una tasa de
92.3 muertes por cada 100, 000 personas entre los 15 y 24 años (PNUD, 2009)[5]. Esta grave situación de inseguridad es el
resultado de una compleja violencia criminal y de una generalizada violencia
social. Aunque la tasa de homicidios constituye sólo un ámbito de las
expresiones de violencia que ocurren en un país, este es sin duda, el indicador
más grave de la violencia que se dirige contra las personas.
El Salvador, con seis millones de habitantes, es
uno de los países más violentos del mundo, por sus altas tasas de homicidios,
de más de 60 por cada 100,000 habitantes, según las agencias de Naciones Unidas
por lo que para este 2015, se han efectuado 200 ataques armados a su
institución, con el saldo de unos 28 agentes fallecidos, (DUTRIZ HERMANOS, S.A. DE C.V.,
2015).[6]
La situación de violencia en El Salvador ha
alcanzado niveles epidémicos. A pesar de una
drástica reducción de los homicidios –la tasa de homicidios por cada
100,000 habitantes era de 70 en 2011 y disminuyó a 40 en 2013 (gráfico 1), el
país vuelve a ver en 2014 tasas tremendamente altas y se mantiene como uno de
los más violentos del mundo[7].
Gráfico
1: Serie de número y tasa de homicidios en El Salvador, 2009.
Un total de 481 víctimas. Un 92 % son hombres y un
7 % mujeres y otros no identificados. Oscilan, en su mayoría, entre los 18 y 30
años de edad y un alto porcentaje ha sido cometido en el área rural. Fueron
asesinados en un 79 % con arma de fuego, un 12 % con arma blanca y la minoría,
con otro tipo de armas (DUTRIZ HERMANOS, S.A. DE C.V.,
2015)[8].
Son las características generales de las 481
personas que fueron asesinadas en marzo. Dieciséis por día. En la última
década, la cifra más alta registrada por la PNC fue en octubre de 2009, con 437
homicidios. En ese año, las autoridades reportaron el asesinato de 4,382
personas[9].
La incidencia alta de homicidios no se había
reportado desde que las pandillas realizaron una tregua, en marzo de 2012. En
abril de ese mismo año, las muertes violentas se redujeron a 156. Sin embargo,
en julio de 2013, el cometimiento de homicidios se duplicó.
Según los datos de la PNC, el número de homicidios
que fue cometido en marzo representa un aumento del 56.2 % al compararlo con el
mismo mes, pero en 2014. En marzo del año pasado hubo 308 asesinatos, es decir,
un promedio diario de 10 muertes violentas[10].
De acuerdo con los datos, las delegaciones con
mayor número de homicidios es La Paz (49), Apopa (43), Soyapango (41),
Sonsonate (34), San Salvador centro (33) y Ciudad Delgado (28). La región donde
se concentra el mayor número de hechos violentos es la metropolitana (175),
luego le sigue la paracentral (106) y la oriental (70) (ver fotografía 1).
La cifra de otros delitos también reportó un
aumento en el mes. El hurto, robo, lesiones, hurto y robo de vehículo y las
violaciones aumentaron considerablemente de febrero a marzo. De hecho, durante
marzo hubo 2,916 delitos más que reportó la PNC que el mismo mes de 2014.
La cifra de personas desaparecidas es otra que se
mantiene al alza. El año pasado al menos 1,576 personas no fueron localizadas.
Este año, la PNC prefirió no incluir este rubro en las estadísticas policiales
que son enviadas a todo el personal de la institución.
Según el Instituto de Medicina
Legal, en El Salvador se han cometido hasta el 11 de agosto 3,603 homicidios,
un promedio de 16 al día. Como la población salvadoreña es de 6.5 millones de
personas, la tasa proyectada para todo 2015 es de 91 homicidios por cada 100,000
habitantes en El Salvador. Cuando ya se han consumido dos terceras
partes del año, los más de 3,600 cadáveres que ha procesado Medicina Legal
permiten aseverar que 2015 está siendo el año más violento del siglo XXI,
superando con holgura las cifras de 2009 y 2011. La tasa de homicidios por cada
100,000 habitantes proyectada es de 91 (ver gráfico 2 )
Gráfico 2; Grafica comparativa de los
niveles de violencia desde el año 2000 hasta 2015. FUENTE: Medicina legal,
2015).
Al comparar las cifras de homicidios de este
año con relación al mismo período del año pasado se tiene un aumento de 2,072
muertes violentas para este año. En nueve meses del año pasado, la violencia
había acabado con las vidas de 2,870 personas, una situación que preocupa al
Director de Medicina Legal. (ver gráfico 3).
Gráfico 3; Graficas comparativa de los
niveles de violencia desde el año 2000 hasta 2015. FUENTE: La Prensa Gráfica,
2015)
II.
Situación de los jóvenes en El Salvador.
En El Salvador la Ley General de Juventud[11],
en su artículo 2, establece que joven es una persona entre los 15 y los 29 años
de edad, sin distinción de nacionalidad, etnia, género, religión, discapacidad,
situaciones de vulnerabilidad o cualquier otra condición particular. La realidad
de buena parte de la población juvenil, sin embargo, tiene el rostro de un
drama social, pues se trata de una generación expuesta a la exclusión y, peor
aún, a una creciente situación de violencia e inseguridad ciudadana[12].
En el país hay un 1,757,000 jóvenes, que
representan el 28 % de la población[13].
De estos, 49 % son hombres y 51 % son mujeres; 62 % viven en la zona urbana y
38 % en la zona rural. Asimismo, 4 de cada 10 son pobres; 3 son pobres
relativos y 1 vive en pobreza extrema. Existe en este grupo social una marcada
feminización de la pobreza: tanto entre los pobres extremos como entre los
pobres, las jóvenes son más numerosas, en 9 y 6 puntos porcentuales
respectivamente.
En atención a la juventud se han definido
diferentes estrategias por parte del gobierno de El Salvador, es decir que cada
período de gobierno ha tenido un enfoque diferente, por lo que nunca se avanzó
en la institucionalidad.
En el año 2005 se elaboró el Plan Nacional de
Juventud 2005-2015, bajo la coordinación estratégica de la Secretaría Nacional
de la Juventud; este plan contó con un buen diseño pero con una limitada
ejecución, lo cual generó descontento tanto en las instituciones que
acompañaron el proceso como en la juventud, es decir que no se cumplió con las
expectativas de la población identificada en dicho Plan (Alas, 2012)[14].
IV.
Los jóvenes como víctima de violencia.
Una de
las principales características de la violencia actual en El Salvador es que
los protagonistas de la misma suelen ser
jóvenes y adolescentes, tanto en su calidad de
víctimas como autores de los ilícitos.
Una revisión de las cifras oficiales sobre muertes
violentas registradas en el país, muestra claramente la elevada vulnerabilidad
de los jóvenes salvadoreños y en particular, de los hombres jóvenes frente a la
violencia que ha marcado trascendencia en la sociedad salvadoreña. No obstante
esta situación no es reciente pues estudios pioneros sobre el tema (Cruz, 2005)[15], ya señalaban desde hace más de una década los
altos niveles de violencia que afectan a los jóvenes salvadoreños, la violencia
dirigida contra este grupo poblacional se ha agudizado y complejizado en los
últimos años, debido a factores de diverso orden.
En el contexto de violencia juvenil que experimenta
la sociedad salvadoreña, uno de los sectores que enfrenta la más alta
vulnerabilidad a la violencia letal son los jóvenes en situación de riesgo
social y aquellos que pertenecen a las maras o pandillas juveniles. Aunque no
hay registros oficiales que establezcan la condición social de los jóvenes que
son víctimas de homicidios en el país, a juzgar por las características de
muchos de ellos y los lugares donde se perpetran los ataques, se trata
mayoritariamente de jóvenes de extracción social baja.
Por otra parte, cuando se analizan los grupos
afectados por otras expresiones de violencia delincuencial, como los delitos
contra la propiedad y contra la integridad física, los jóvenes en general
resultan ser nuevamente las principales víctimas. Una encuesta nacional sobre
victimización y percepción de inseguridad realizada por el IUDOP (Santacruz y
Carranza, 2009), confirma el importante peso de la edad en la incidencia de la
victimización general.
Los jóvenes reciben tremendas agresiones y formas sistemáticas en zonas populosas
durante los operativos policiales y patrullajes rutinarios que se implementan
en los territorios. A su vez, en los
últimos años se han incrementado las denuncias sobre abusos cometidos hacia
pandilleros durante la detención administrativa en bartolinas policiales y en
los centros de reclusión, durante las requisas rutinarias. Una reciente
investigación realizada con mujeres pandilleras en cárceles (IUDOP, 2010)[16], revela los tratos
crueles, inhumanos y degradantes de que son objeto pandilleros y pandilleras
por parte de los agentes del orden, así como la posible participación de
algunos miembros de la policía en el asesinato de pandilleros. Y es que las
conductas policiales abusivas han sido parte de la subcultura policial,
resultado del modelo policial autoritario y militarizado que se instaló desde
el surgimiento mismo de la policía y que fue legitimada durante los Planes Mano
Dura, período a partir del cual se ha incrementado la violencia policial hacia
los jóvenes.
V. Sistema de funcionamiento de las pandillas en El Salvador.
Un ambiente comunitario donde los espacios son
reducidos, sucios, escasos y
marginalizados, genera formas de competencia entre sus miembros que
favorecen la violencia social y, consecuentemente, pueden favorecer su
conversión en violencia criminal (Larios, [2010]). Para llegar a constituir agrupaciones cuyo
lema principal sea el de “Rifa, mata, viola y controla”, transmitido y enseñado
a niños como mandamiento de vida, los miembros de las pandillas han debido
sufrir mucho y almacenar un rencor enorme en contra de los otros, de sus
rivales, de los extraños y hasta de su propia familia (Larios,
[2010]).
Recordemos que las pandillas ofrecen una sensación
falsa de protección, pertenencia, diversión y enriquecimiento. El joven es
atraído por esta sensación basada en primicias que para el líder de una clica
(célula colectiva de un barrio) son migajas, pero que para un niño o joven
rechazado o maltratado en su hogar pueden significar un gran apoyo y re-
presentación de afecto y protección. A lo cual se suma, la sensación de poder y
de respeto que adquiere dentro de la pandilla, por el solo hecho de formar
parte de ella y de ser tomado en cuenta para la ejecución de las decisiones de
los líderes (Larios, [2010]).
Basados en un
principio de supervivencia las pandillas encuentran nuevas formas de
reproducirse y que se puede caracterizar de la siguiente manera (Larios, [2010]):
·
Creación de un
imaginario colectivo que da identidad y cohesión al grupo, con su simbología;
·
Alta capacidad de
atracción, socialización y control de la membresía, de su lealtad, motivación y
acción;
·
Construcción del
estilo de vida a partir de adversarios típicos: pandillas rivales y policía;
·
Lucha por los
espacios en barrios o territorios y se organizan para la protección y
·
el ataque:
reuniones, acuerdos, asignación de roles, emisión de órdenes, supervisión de
ejecución y distribución de recursos para operar.
ESQUEMA 1: FUENTE: (Larios,
[2010]) Se presenta
un esquema que permitirá describir más gráficamente el funcionamiento de las
pandillas, en El Salvador, para cual se describe lo siguiente:
·
Primero, el que se
refiere a los círculos de apoyo y de base social de la pandilla, muestra el
carácter social de génesis del fenómeno y su raíz comunitaria[17].
·
Segundo, los
denominados sistemas de presión de la pandilla, ubicados en los costados del
esquema, constituidos, en un caso, por la policía como sistema institucional
legítimo; y en otro caso, por las pandillas rivales, como sistema ilícito y
competencia “natural”. La policía busca capturar al pandillero que delinque,
mientras que la pandilla rival busca aniquilarlo en términos generales.[18]
·
El tercero, es la
vinculación del liderazgo al crimen internacional y a las fuentes de
financiamiento y de los recursos delictivos de que disponen para el desarrollo
de sus actividades. La pandilla es una
organización cuyo mecanismo de reproducción y crecimiento es el homicidio de
sus rivales, pero también la ex torsión de los ciudadanos comunes. La extorsión
ha sido un mecanismo clásico dentro del modo de vida de las pandillas.[19]
VI.
La Violencia y los derechos humanos.
La inseguridad generada por la criminalidad y la
violencia en las Américas constituye un
grave problema donde está en juego la vigencia de los derechos humanos[20]
Los
principales problemas que afectan a la sociedad salvadoreña son: la violencia y el crimen.
Algunas
consecuencias de la violencia son:
·
Altos costos humanos debido a homicidios, lesiones,
violaciones sexuales, secuestros y amenazas.
·
Los costos materiales por los delitos que se
cometen en contra del patrimonio (robos, destrucción) y por la carga en el
presupuesto del Estado para controlar la violencia en la labor judicial y policial y para el
tratamiento de lesiones en el área de salud.
·
Poca inversión extranjera
·
Actitud de desconfianza en el sistema judicial, lo
que lleva a que no denunciar por el temor de represalias por parte de los
delincuentes.
·
La violencia social como un obstáculo serio para la
democracia formal y el Estado de Derecho.
El alto nivel de delincuencia no se
debe simplemente al ansia desenfrenada de querer matar o robar, lo cual nos
llevaría a una conclusión demasiado miope, sino que tiene su origen en
problemas económicos y educativos. Sí, a la vulneración de Derechos Humanos de
carácter económicos, sociales y culturales. Donde
en una familia con ingresos económicos bajos o nulos se tienen cuatro hijos o
hermanos que alimentar, solo queda robar y muchas veces, matar para ver
efectivizado la primera finalidad. No son delincuentes porque sí, tiene un
trasfondo socioeconómico la mayoría de veces. Muchos casos podrán variar del
por qué se inmiscuyen jóvenes e incluso niños a las pandillas, pero no podemos
negar que el origen de este gran problema fue en gran medida producto de una
pobre economía que resultó de una guerra implementada en los años 80’s que nos
hundió a la pobreza.
No se justifica la delincuencia en ningún momento,
pero el problema tiene más raíces económicas que cualquier otra cosa. Si se
quiere solventar este problema se exije que propongan medidas económicas,
educativas y planes de prevención de delincuencia, pero no que prometan más
policías, más armas o aún más vulneraciones a los Derechos Humanos, los cuales
incluso los delincuentes tienen.
Los “delincuentes” y las instituciones
en el intento de reprimir, vulneran los derechos Humanos de otros al matar, al
robar, al secuestrar, etc., pero recordemos que los primeros a los que les
violaron sus derechos fueron a ellos con una guerra civil que perjudicó mucho
más a los que ya de por sí estaban perjudicados. Una guerra, muchas veces, no
con fines de instalar la democracia, sino con fines puramente ideológicos.
Conclusiones:
1.
El fenómeno de la violencia es un fenómeno de
poder, pero no el menos efectivo en la consecución del propósito. Lo relevante
no es sólo que los pandilleros sean jóvenes, sino que sean el tipo de jóvenes
que son, agrupados alrededor de manifestaciones de violencia y delincuencia,
como opción para expresarse, organizarse y hacer prevalecer su identidad y sus
intereses.
2.
El método de la extorsión es una prueba del
potencial de violencia y de reinventaba criminal de las pandillas, del mismo
modo, pueden encontrar otros medios de hacer valer su poder.
3.
La violencia afecta a toda la sociedad
salvadoreña, porque está en todo ámbito
y lugar en la realidad cotidiana, pero no todos los ciudadanos tienen el mismo
nivel de participación, ni experimentan el mismo riesgo de afectación directa,
como lo es para el caso de los jóvenes, que están riesgo de ser víctimas o
delinquir.
Recomendaciones.
·
La actividad delincuencial ha surgido
en las entrañas de un sistema que no le ha sido favorable al pobre; el
neoliberalismo no ha satisfecho las aspiraciones de la juventud; muchos por no
delinquir, han emigrado del país, los expulso la pobreza.
·
Para comenzar a solucionar el
problema se debe cambiar el sistema educativo, debe incorporarse en los planes
de estudios, entre otras temáticas, la enseñanza de los DERECHOS HUMANOS, tal
como lo ordenan los Art. 55 y 60 de nuestra Constitución.
·
Debe existir un mecanismo riguroso
que permita la revisión real de lo que se transmite en los medios de
comunicación, especialmente en la televisión y redes sociales; ya que, no se
debe descargar únicamente en los padres la responsabilidad de la regulación y
control. Esto permitirá formar nuevas generaciones con principios pacifistas y
aumentar en la población en general los niveles de TOLERANCIA y RESPETO MUTUO.
·
La persecución al delito debe tener
incorporadas medidas alternas que le permitan al joven tener acceso a estudios
superiores, fortalecimiento de valores no solo seculares, si no también
cristianos, vivienda, salud y un empleo
digno.
[1]
DUTRIZ
HERMANOS, S.A. DE C.V. (03 de Julio de 2015). ¿Qué hacemos con la violencia? La
Prensa Gráfica, [En Línea]
http://www.laprensagrafica.com/2015/07/03/que-hacemos-con-la-violencia.
[2]
Eso explica, porqué dos décadas después, estos
grupos han pasado de ser un fenómeno cultural-generacional (Ramos, 1997, en
Smutt y Miranda, 1998) a una de las más complejas y particulares formas de
delincuencia organizada, de las que no se tiene parangón en la historia
reciente de la región centroamericana (Aguilar, 2007), con la capacidad de
desafiar al Estado.
[4] Santacruz,
M.L. y Concha-Eastman, A. (2001). Barrio adentro. La solidaridad violenta de la
las pandillas. San Salvador: IUDOP-UCA/OPS.
[5] PNUD (2009). Informe de Desarrollo Humano para
América central 2009-2010. Abrir espacios a la seguridad ciudadana y el
desarrollo humano. Colombia: Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
PNUD.
[6]
DUTRIZ
HERMANOS, S.A. DE C.V. (19 de Junio de 2015). Gobierno reconoce grave violencia
en El Salvador. La Prensa Gráfica, [En Línea] http://www.laprensagrafica.com/2015/06/19/gobierno-reconoce-grave-violencia-en-el-salvador.
[7] IUDOP
(2014). La situación de la seguridad y la justicia 2009-2014. Entre
expectativas de cambio, mano dura militar y treguas pandilleras. San Salvador:
Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, Instituto Universitario de
Opinión Pública.
[8] DUTRIZ HERMANOS, S.A. DE C.V. (02 de abril de 2015). Marzo 2015 el más violento de la última década. La Prensa Gráfica,
[En Línea] http://www.laprensagrafica.com/2015/04/02/marzo-2015-el-mas-violento-de-la-ultima-decada.
[9]
Ibidem.
[10]
Ibid.
[11] Ley General de Juventud (2012). Asamblea
Legislativa de El Salvador. Recuperado de http://www.asamblea.gob.sv/eparlamento/indice-legislativo/buscador-de-documentos-legis-lativos/ley-general-de-juventud.
[12]
PNUD (2015). Entre esperanzas y miedo. La juventud
y la violencia en El Salvador. San Salvador: Programa de las Naciones Unidas
para el Desarrollo. P. 25.
[13] DIGESTYC. (2012). Encuesta de hogares de propósitos
múltiples. San Salvador: Dirección General de Estadística y Censos, Ministerio
de Economía.
[14] Alas, J. L. ( 2012). Analisis situacional sobre la
juventud en El Salvador. San Salvador: Fundación Friedrich Ebert.
[15]
Cruz, José Miguel y Carranza, Marlon (2005).
“Pandillas y políticas públicas: el caso de El Salvador”, en Juventudes,
violencia y exclusión: desafíos para las políticas públicas. Guatemala: Magnaterra
Editores.
[16] IUDOP (2010). Segundos en el aire: mujeres
pandilleras y sus prisiones .San Salvador: Instituto Universitario de Opinión
Pública-Universidad Centroamericana José Simeón Cañas.
[17] Esto vuelve más compleja las intervenciones de
trabajo social o de control policial, pues en él se ven involucrados no sólo
los miembros de la pandilla, también participan de manera indirecta o como
soportes logísticos, amigos, familiares o simpatizantes, que no son formalmente
pandilleros ni necesariamente delincuentes.
[18]
Pero en la actualidad, la realidad ha mostrado que
las pandillas rivales han llegado a acuerdos relacionados con su supervivencia
y que tratan de protegerse mutuamente de la presión ejercida por los controles
estatales, de tal forma que existen territorios, que se respetan mutuamente,
donde ejercen su poder y control.
[19] Larios,
A. J. ([2010]). Las pandillas en El Salvador: la violencia como medio de poder.
Organo de Difusión de la Red Docencia-Investigación.
[20]
COMISION
INTERAMERICANA DE DERECHOS HUMANOS, Organización de Estados Americanos, Informe
sobre seguridad ciudadana y derechos humanos, 2009, parágrafo 35.
[1] La
violencia criminal, dominada por las aspiraciones económicas o materiales. La
violencia social es susceptible de ser convertida en violencia criminal, dicho
poder es la dominación sobre el aspecto económico o material, inclusive aún en
el ámbito político partidario.
[2] Innocenti,
Z. d., Quinteros, C., Umaña, N., & Artiga, A. (s.f.). Mujer y violencia en
El Salvador. Revista Realidad. San Salvador: Uca Editores.p.298
[3] Aguilar, J. (2010).
Jóvenes, pandillas y violencia en El Salvador. Ponencia preparada en el
marco del Seminario inter. Mérida, Venezuela: Consejo General de Policía,
del Ministerio del Interior.
[4] Larios,
A. J. ([2010]). Las pandillas en El Salvador: la violencia como medio de poder.
Organo de Difusión de la Red Docencia-Investigación.p. 47
[5]
Ibidem, p. 47-48.
[6]
Beck, U.
(1994). La sociedad del riesgo, Paidós, Barcelona.
[7]
Cruz, J.
M., Portillo, (1998) Solidaridad y violencia en las pandillas del gran San
Salvador. UCA, Editores, San Salvador.